Atacar al rey es llevar cerca de él más piezas tuyas que las que lo defienden. Señales de un rey débil: pocos defensores a su lado, peones que se han movido o han desaparecido delante de él, y líneas abiertas que llegan hasta él. Aquí, en Lasker contra Bauer, Ámsterdam 1889, los dos alfiles blancos apuntan al enroque negro, la dama blanca puede llegar a la columna h y el caballo de f6 es casi el único defensor.